Qué es la obesidad: causas, tipos y riesgos (guía completa)

Por el equipo editorial de Obesidad.net · Publicado el 11 de junio de 2026 · Actualizado el 11 de junio de 2026.

La obesidad es una enfermedad crónica caracterizada por un exceso de grasa corporal que perjudica la salud. No es un fallo de voluntad ni una cuestión estética: es una condición compleja, con causas genéticas, hormonales y ambientales, y así la reconocen la Organización Mundial de la Salud y la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO).

En España, los números explican por qué importa tanto. Según el estudio ENPE, el 21,6 % de los adultos de entre 25 y 64 años tiene obesidad y otro 39,3 % presenta sobrepeso. Es decir: seis de cada diez adultos cargan con un exceso de peso, y la tendencia lleva años subiendo.

Esta guía explica, sin atajos ni alarmismo, qué es exactamente la obesidad, cómo se mide, por qué aparece, qué riesgos conlleva y qué se puede hacer. Es la página base desde la que enlazamos al resto de nuestros artículos sobre el tema.

Qué significa tener obesidad

Hablamos de obesidad cuando el cuerpo acumula tanta grasa que esa acumulación empieza a afectar a la salud. La diferencia con el sobrepeso es de grado, y se ha medido tradicionalmente con el índice de masa corporal (IMC), un cálculo que relaciona el peso con la altura.

Pero conviene decirlo pronto: el peso es solo una parte de la historia. Dos personas con el mismo IMC pueden tener una composición corporal y un riesgo metabólico muy distintos. Por eso los profesionales miran también dónde se acumula la grasa y qué consecuencias tiene, no solo cuánto pesas.

La obesidad es una enfermedad, no una falta de disciplina

Durante décadas se trató la obesidad como un problema de «comer menos y moverse más», como si bastara con quererlo. Esa idea no solo es injusta; es incorrecta. La regulación del peso depende de hormonas, del sueño, del estrés, de la genética, de los fármacos que tomamos y del entorno en el que vivimos —uno diseñado para que comamos más y nos movamos menos—.

Entender esto cambia el enfoque. Si la obesidad fuera cuestión de voluntad, no haría falta tratamiento médico. Y lo hace falta, precisamente porque es una enfermedad crónica que tiende a recaer si solo se ataca por la fuerza. Lo desarrollamos en causas de la obesidad.

Cómo se mide: el IMC y sus límites

El índice de masa corporal se calcula dividiendo el peso (en kilos) entre la altura al cuadrado (en metros). La OMS establece estos rangos en adultos:

IMC (kg/m²) Clasificación
Menos de 18,5 Bajo peso
18,5 – 24,9 Peso normal
25,0 – 29,9 Sobrepeso
30,0 – 34,9 Obesidad grado I
35,0 – 39,9 Obesidad grado II
40,0 o más Obesidad grado III (grave)

El IMC es útil para estudiar poblaciones, pero falla en lo individual. No distingue músculo de grasa, así que clasifica como «obeso» a un deportista muy musculado y como «normal» a alguien con poca masa muscular y mucha grasa. Tampoco dice nada de dónde está esa grasa, que es justo lo que más importa. Puedes calcular el tuyo y entender sus matices en cómo calcular tu IMC.

La medida que importa más que el peso: el perímetro de cintura

La grasa que se acumula alrededor de los órganos abdominales —la grasa visceral— es metabólicamente activa y mucho más peligrosa que la que se reparte por caderas y muslos. Por eso el perímetro de cintura aporta información que el IMC no ve.

Como referencia general, el riesgo metabólico aumenta a partir de unos 88 cm de cintura en mujeres y 102 cm en hombres, aunque las señales de alerta empiezan antes. Si tu IMC es normal pero acumulas barriga, el riesgo puede ser mayor de lo que sugiere la báscula. Cómo medirlo bien lo explicamos en perímetro de cintura.

Tipos y grados de obesidad

Además de los tres grados que marca el IMC, suele distinguirse según dónde se acumula la grasa. La obesidad androide (forma de manzana, grasa en el abdomen) se asocia a más riesgo cardiovascular y metabólico que la ginoide (forma de pera, grasa en caderas y muslos). Profundizamos en tipos de obesidad.

Por qué aparece la obesidad

No hay una sola causa. Hay un cruce de factores que empuja el peso al alza:

  • Genética y biología. Influyen en el apetito, en cómo almacenamos grasa y en el punto de peso que el cuerpo tiende a defender.
  • Entorno obesogénico. Comida ultraprocesada barata y omnipresente, raciones grandes, vida sedentaria. El entorno hace mucho del trabajo.
  • Sueño y estrés. Dormir poco altera las hormonas del apetito; el estrés crónico favorece el acúmulo de grasa abdominal.
  • Medicamentos y otras condiciones. Algunos fármacos y trastornos hormonales pueden favorecer el aumento de peso.

Que existan estos factores no significa que no se pueda hacer nada. Significa que la solución rara vez es solo «esfuérzate más». Lo vemos en detalle en causas de la obesidad y en obesidad y sueño.

Qué riesgos conlleva para la salud

El exceso de grasa, sobre todo la visceral, se asocia a un riesgo mayor de varias enfermedades: diabetes tipo 2, hipertensión y problemas cardiovasculares, apnea del sueño, hígado graso, algunos tipos de cáncer y problemas articulares. La relación con la diabetes tipo 2 es de las más estrechas, a través de la resistencia a la insulina.

La buena noticia, y conviene subrayarla, es que una pérdida de peso moderada —del orden del 5 al 10 % del peso corporal— ya mejora de forma medible la tensión, la glucemia y otros marcadores. No hace falta llegar a un peso «ideal» para ganar salud. Reunimos todo esto en riesgos y enfermedades asociadas.

Qué se puede hacer

El abordaje de la obesidad es escalonado y se adapta a cada persona. La base siempre son los hábitos sostenibles: una alimentación que puedas mantener, más actividad física y un mejor descanso. A partir de ahí, y según el caso, existen tratamientos farmacológicos y quirúrgicos con respaldo científico.

En los últimos años, los fármacos del grupo de los agonistas GLP-1, como la semaglutida, han cambiado el panorama, aunque no son un atajo ni sustituyen al cambio de hábitos. Y para los casos de obesidad grave, la cirugía bariátrica es el tratamiento más eficaz a largo plazo. Tienes el mapa completo de opciones en nuestra guía de tratamientos para la obesidad.

Lo importante: cualquiera de estas decisiones debe tomarse con un profesional sanitario, nunca por cuenta propia.

Cuándo acudir al médico

Si tu IMC supera 30, si acumulas grasa abdominal, o si ya tienes tensión alta, azúcar elevado o antecedentes familiares de diabetes, merece la pena hablarlo con tu médico de cabecera o con un dietista-nutricionista colegiado. No para «ponerte a dieta» sin más, sino para valorar tu situación de forma completa y trazar un plan realista.

Preguntas frecuentes

¿Cuál es la diferencia entre sobrepeso y obesidad?

Es una cuestión de grado medida con el IMC: se habla de sobrepeso entre 25 y 29,9, y de obesidad a partir de 30. Lo explicamos a fondo en sobrepeso vs. obesidad.

¿La obesidad se considera una enfermedad?

Sí. La OMS y las principales sociedades científicas la reconocen como una enfermedad crónica multifactorial, no como un problema de voluntad o estético.

¿Cuánto peso hay que perder para notar beneficios?

Perder entre un 5 y un 10 % del peso corporal ya mejora marcadores como la tensión arterial y la glucosa. No es necesario alcanzar un peso «ideal» para ganar salud.

¿El IMC sirve para todo el mundo?

No del todo. Es útil a nivel poblacional, pero no distingue músculo de grasa ni indica dónde se acumula. Conviene complementarlo con el perímetro de cintura.

Fuentes

Este artículo tiene fines informativos y no sustituye el consejo de un profesional sanitario. Consulta nuestro aviso médico y, ante cualquier duda sobre tu salud, acude a tu médico.


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