Por el equipo editorial de Obesidad.net · Publicado el 20 de junio de 2026 · Actualizado el 20 de junio de 2026.
Cuando hablamos de obesidad, no toda la grasa es igual. Dónde se acumula el exceso de tejido adiposo determina en gran medida el riesgo que conlleva para la salud. Dos personas pueden tener el mismo IMC y perfiles de salud muy distintos dependiendo de si su grasa se concentra en el abdomen o en las caderas y muslos.
Los dos patrones principales de distribución de grasa
La obesidad androide, conocida popularmente como tipo «manzana», se caracteriza por la acumulación de grasa en el abdomen y alrededor de los órganos internos. Es el patrón más frecuente en hombres, aunque también aparece en mujeres, especialmente a partir de la menopausia. La grasa que crece aquí no está solo debajo de la piel: gran parte es grasa visceral, alojada entre los órganos abdominales.
La obesidad ginecoide, o tipo «pera», acumula el exceso de grasa principalmente en caderas, muslos y glúteos. Es el patrón predominante en mujeres en edad fértil. Esta grasa es mayoritariamente subcutánea, es decir, está justo bajo la piel y no rodea los órganos vitales.
La distinción no es solo estética. Tiene consecuencias metabólicas muy concretas.
Por qué la grasa visceral es especialmente peligrosa
La grasa visceral no es un almacén pasivo. Es metabólicamente activa: produce citoquinas inflamatorias, libera ácidos grasos directamente al sistema portal (que va al hígado) y altera la señalización de la insulina. Esto genera un entorno sistémico inflamatorio que afecta al corazón, el páncreas, el hígado y los vasos sanguíneos.
Una persona con abundante grasa visceral puede tener niveles elevados de insulina, triglicéridos altos, HDL bajo y marcadores de inflamación crónica aunque su aspecto externo no lo haga evidente. Esta situación es lo que algunos especialistas llaman «síndrome metabólico», y la acumulación abdominal es uno de sus criterios diagnósticos principales.
La grasa subcutánea del patrón ginecoide, en cambio, tiene un perfil metabólico mucho más benigno. No produce las mismas citoquinas en las mismas cantidades, y su impacto sobre la resistencia a la insulina es considerablemente menor. Eso no significa que sea inofensiva — el exceso de peso siempre tiene efectos sobre las articulaciones, el sistema venoso y la calidad de vida — pero el riesgo metabólico y cardiovascular es notablemente inferior.
Cómo saber cuál es tu patrón
La manera más accesible de identificarlo es midiendo la cintura y la cadera por separado.
El perímetro de cintura ya da mucha información: según los criterios de la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO), los umbrales de riesgo elevado están en más de 88 centímetros en mujeres y más de 102 centímetros en hombres. Si superas esas cifras, es muy probable que tengas una proporción significativa de grasa visceral.
El índice cintura-cadera añade más detalle. Se calcula dividiendo el perímetro de la cintura entre el de la cadera. Valores por encima de 0,85 en mujeres y 0,90 en hombres indican un patrón androide. Si la cadera es claramente mayor que la cintura, el patrón tiende a ser ginecoide.
También existen técnicas más precisas — la densitometría ósea (DEXA), la resonancia magnética o la tomografía computarizada — que permiten cuantificar la grasa visceral de manera directa. Son recursos diagnósticos que puede valorar tu médico si hay dudas sobre tu situación metabólica.
Diferencias de riesgo entre ambos patrones
El patrón androide está asociado a un riesgo significativamente mayor de diabetes tipo 2, hipertensión arterial, dislipemia, enfermedad coronaria, accidente cerebrovascular y esteatosis hepática no alcohólica. La Sociedad Española de Hipertensión y otras organizaciones europeas reconocen la obesidad abdominal como factor de riesgo cardiovascular independiente, más allá del IMC.
El patrón ginecoide, aunque implica menor riesgo metabólico, no está exento de problemas. La carga de peso extra sobre caderas, rodillas y tobillos puede generar dolor articular y artrosis. La insuficiencia venosa crónica y las varices son más frecuentes en este perfil. Y cualquier exceso de grasa, sea donde sea, influye en la apnea del sueño y en el bienestar general.
Las hormonas y la distribución de grasa
El patrón de distribución no es aleatorio. Las hormonas sexuales influyen de manera directa en dónde tiende a acumularse la grasa.
La testosterona favorece la acumulación de grasa en la zona abdominal y reduce el depósito en caderas y muslos. Los estrógenos hacen lo contrario: promueven la acumulación ginecoide y protegen relativamente la zona visceral. Esto explica por qué, antes de la menopausia, las mujeres tienden al patrón pera; y por qué, tras la menopausia, cuando los niveles de estrógenos caen, muchas mujeres empiezan a acumular grasa en el abdomen y su perfil metabólico se aproxima al masculino.
El cortisol también juega un papel relevante. El estrés crónico eleva los niveles de cortisol, que favorece la acumulación de grasa visceral. Es uno de los mecanismos por los que el estrés prolongado se asocia a mayor riesgo cardiometabólico.
Lo que puedes hacer si tu patrón es androide
La buena noticia sobre la grasa visceral es que responde bien a los cambios de estilo de vida. Es, de hecho, el primer tipo de grasa que el organismo moviliza con el ejercicio aeróbico y la restricción calórica moderada. Caminar a paso rápido, correr, nadar o ir en bici de manera regular tiene un efecto directo sobre la grasa visceral que es visible en las mediciones incluso antes de que el peso total baje mucho.
La dieta mediterránea, que es el patrón alimentario con más evidencia en España y Europa, también ha mostrado efectos favorables sobre la reducción de grasa visceral y los marcadores inflamatorios. Limitar el alcohol, que se acumula preferentemente en el abdomen, también ayuda de manera específica en este patrón.
Si tienes un patrón androide con perímetro de cintura elevado y otros factores de riesgo, hablar con tu médico pronto es más útil que esperar. Las intervenciones tempranas tienen mucho mejor resultado que las tardías.
Preguntas frecuentes
¿Puedes cambiar tu distribución de grasa con ejercicio o dieta?
No puedes elegir de dónde pierde grasa tu cuerpo de manera precisa, pero sí puedes influir en el proceso. El ejercicio aeróbico regular es especialmente eficaz para reducir la grasa visceral abdominal, incluso cuando la pérdida de peso total es modesta. Con el tiempo y la constancia, el perímetro de cintura suele reducirse de manera notable aunque el peso en la báscula baje lentamente.
¿Toda la grasa en el abdomen es grasa visceral?
No. El abdomen también tiene una capa de grasa subcutánea, que es la que puedes pellizcar. La grasa visceral está más profunda, alrededor de los órganos, y no se puede apreciar externamente de la misma manera. Un perímetro de cintura elevado puede reflejar tanto grasa subcutánea como visceral. Las técnicas de imagen son las únicas que permiten distinguirlas con precisión.
¿Por qué las mujeres acumulan más grasa en el abdomen después de la menopausia?
Al caer los niveles de estrógenos, desaparece el efecto protector que estas hormonas tienen sobre la acumulación de grasa visceral. El organismo empieza a distribuir la grasa de un modo más parecido al masculino, con mayor tendencia hacia el abdomen. Esto también explica por qué el riesgo cardiovascular en las mujeres aumenta notablemente tras la menopausia.
Fuentes
- Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO). Consenso SEEDO para la evaluación del sobrepeso y la obesidad y el establecimiento de criterios de intervención terapéutica.
- Sociedad Española de Hipertensión (SEH-LELHA). Guía española de hipertensión arterial y riesgo cardiovascular.
- Organización Mundial de la Salud (OMS). Obesidad: prevención y control de la epidemia global.
- Sociedad Española de Cardiología (SEC). Guías ESC/EAS sobre dislipemias: adaptación española.
- Ministerio de Sanidad de España. Encuesta Nacional de Salud. Prevalencia de obesidad y distribución abdominal.
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Este artículo tiene fines informativos y no sustituye la consulta con un médico u otro profesional de la salud. Ante cualquier duda sobre tu situación particular, consulta siempre a un profesional sanitario.