Por el equipo editorial de Obesidad.net · Publicado el 20 de junio de 2026 · Actualizado el 20 de junio de 2026.
Cuando el médico dice «obesidad», no está describiendo una sola cosa. Hay personas con un IMC de 31 que llevan una vida activa y tienen analíticas impecables, y hay personas con un IMC de 28 con alto riesgo cardiovascular por la forma en que acumulan grasa. Conocer los tipos y la clasificación ayuda a entender por qué el tratamiento no es el mismo para todos, y por qué compararse con otros no tiene mucho sentido.
Clasificación por IMC: los grados de obesidad
El índice de masa corporal —peso en kilos dividido por la estatura en metros al cuadrado— es la herramienta de clasificación más usada a nivel poblacional, aunque tiene límites conocidos. No distingue entre músculo y grasa, ni dice nada sobre dónde se acumula esa grasa. Pero como referencia para orientar el riesgo de salud y las decisiones clínicas, sigue siendo el punto de partida habitual.
La clasificación internacional, adoptada tanto por la OMS como por la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO), establece los siguientes tramos:
- Sobrepeso: IMC entre 25 y 29,9. No es obesidad, pero ya puede asociarse con mayor riesgo metabólico dependiendo de otros factores.
- Obesidad grado I: IMC entre 30 y 34,9. Es el nivel más frecuente. Aumenta el riesgo de diabetes tipo 2, hipertensión y enfermedad cardiovascular.
- Obesidad grado II: IMC entre 35 y 39,9. A este nivel se recomienda una intervención más activa; algunas guías clínicas ya contemplan opciones farmacológicas o procedimientos bariátricos.
- Obesidad grado III o mórbida: IMC igual o superior a 40. Conlleva un riesgo importante de complicaciones graves. En muchos casos, la cirugía bariátrica es la opción que más evidencia tiene para producir resultados sostenidos.
Algunos autores añaden una categoría de «superobesidad» para IMC ≥ 50, pero no está universalmente estandarizada. En cualquier caso, lo que importa no es solo el número, sino el contexto clínico completo de cada persona.
Clasificación por distribución de grasa: androide vs. ginecoide
Dos personas pueden tener el mismo IMC y un perfil de riesgo completamente diferente según dónde se concentra su grasa corporal. Aquí es donde la forma del cuerpo sí importa, y mucho.
La obesidad androide —también llamada abdominal o central— se caracteriza por la acumulación de grasa en el abdomen. Parte de esa grasa es visceral, es decir, rodea los órganos internos. Esta grasa visceral es metabólicamente muy activa: libera ácidos grasos y sustancias inflamatorias que pueden afectar al hígado, al páncreas y al sistema cardiovascular. Se asocia con mayor riesgo de diabetes tipo 2, síndrome metabólico, enfermedad cardiovascular e hígado graso. El perímetro de cintura es una medida sencilla pero útil: la OMS establece como valores de alerta una cintura superior a 88 cm en mujeres y 102 cm en hombres.
La obesidad ginecoide es la que acumula grasa principalmente en caderas, muslos y glúteos. Es más frecuente en mujeres, especialmente antes de la menopausia, y tiene un perfil de riesgo metabólico bastante menor que la androide. No está exenta de consecuencias para la salud —puede asociarse con problemas articulares o venosos—, pero el riesgo cardiovascular y metabólico es significativamente inferior.
En la práctica, muchas personas tienen una distribución mixta, y esta puede cambiar con la edad y los cambios hormonales.
Obesidad por causa: primaria y secundaria
Otra forma importante de clasificar la obesidad es según su causa subyacente, porque el tratamiento depende directamente de ella.
La obesidad primaria o exógena es la más frecuente: se desarrolla cuando la ingesta calórica supera el gasto energético de forma sostenida en el tiempo, en un contexto de predisposición genética y factores ambientales. No tiene una causa médica identificable única. Aquí intervienen el entorno alimentario, el sedentarismo, el sueño, el estrés crónico y la genética. Es la que abordan la mayoría de guías de tratamiento con cambios en alimentación, actividad física, apoyo psicológico y, en algunos casos, medicación.
La obesidad secundaria, en cambio, es la que tiene una causa médica identificable que contribuye al aumento de peso. Algunos ejemplos bien documentados:
- Hipotiroidismo: cuando la tiroides produce pocas hormonas, el metabolismo se ralentiza y puede facilitar la ganancia de peso. Tratar el hipotiroidismo no siempre elimina el exceso de peso, pero controlarlo es parte esencial del abordaje.
- Síndrome de Cushing: exceso de cortisol, que produce una distribución característica de grasa (cara, cuello y abdomen) con adelgazamiento de brazos y piernas.
- Síndrome de ovario poliquístico (SOP): condición hormonal frecuente en mujeres en edad fértil que se asocia con resistencia a la insulina y facilita la acumulación de grasa abdominal.
- Medicamentos: algunos fármacos pueden provocar aumento de peso como efecto secundario, entre ellos ciertos antidepresivos, antipsicóticos, corticoides y medicamentos para la diabetes o la epilepsia. Si sospechas que un medicamento está afectando tu peso, habla con tu médico antes de cambiarlo o abandonarlo.
Cuando hay una causa secundaria, tratarla es el primer paso. Cambiar la dieta sin corregir el hipotiroidismo, por ejemplo, puede dar resultados muy limitados y frustrantes.
Por qué importa saber el tipo: el tratamiento no es igual para todos
Esta clasificación no es un ejercicio teórico. Tiene consecuencias directas sobre qué se hace y cómo.
Una persona con obesidad grado I de distribución ginecoide sin complicaciones metabólicas y sin causa secundaria puede abordar su situación con cambios en el estilo de vida bien acompañados. Una persona con obesidad grado III y distribución androide con diabetes tipo 2 e hipertensión necesita un equipo multidisciplinar y puede ser candidata a cirugía bariátrica. Y alguien con SOP o hipotiroidismo necesita que se corrija primero esa alteración hormonal.
Saber en qué categoría estás —o aproximarte a ello con la ayuda de un médico— permite poner expectativas realistas, elegir el enfoque adecuado y no perder tiempo y energía en estrategias que no están pensadas para tu situación concreta.
Preguntas frecuentes
¿El IMC es suficiente para saber si tengo obesidad?
El IMC es una herramienta de cribado útil a nivel poblacional, pero no captura toda la información. No distingue masa muscular de grasa, ni dice nada sobre su distribución. Un deportista con mucha masa muscular puede tener un IMC elevado sin obesidad, mientras que alguien con IMC normal puede tener mucha grasa visceral. Para una evaluación completa, el médico puede combinar el IMC con el perímetro de cintura, analíticas y otros datos clínicos.
¿Puedo tener obesidad sin que se note?
Sí, en ciertos casos. La llamada «obesidad de peso normal» o «delgadez metabólica» describe a personas con un IMC dentro del rango normal pero con un porcentaje elevado de grasa corporal, especialmente visceral. Puede pasar desapercibida visualmente pero asociarse con los mismos riesgos metabólicos que la obesidad con IMC alto. No es lo más frecuente, pero existe y es una razón más para no depender solo del peso o el aspecto físico para valorar la salud.
¿La cirugía bariátrica para qué grado de obesidad se considera?
Las guías clínicas actuales en España suelen contemplar la cirugía bariátrica a partir de obesidad grado III (IMC ≥ 40), o desde grado II (IMC ≥ 35) cuando hay comorbilidades importantes como diabetes tipo 2, hipertensión grave o apnea del sueño. No es una decisión automática: requiere evaluación por un equipo especializado, un proceso previo de cambios en el estilo de vida y una valoración psicológica. Si crees que puede ser una opción para ti, el paso es hablarlo con tu médico de cabecera o pedir derivación a una unidad de obesidad.
Fuentes
- Organización Mundial de la Salud. Obesidad y sobrepeso. who.int/es
- Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO). Consenso SEEDO 2022 para la evaluación del sobrepeso y la obesidad. seedo.es
- National Institutes of Health en Español. Control del peso. salud.nih.gov
- Ministerio de Sanidad, España. Encuesta Nacional de Salud de España (ENSE). mscbs.gob.es
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Este artículo tiene fines informativos y no sustituye la consulta con un médico u otro profesional de la salud. Ante cualquier duda sobre tu situación particular, consulta siempre a un profesional sanitario.