A pesar de los avances científicos con respecto al papel de las hormonas y a la prevención de enfermedades (como la OBESIDAD), no han variado demasiado nuestros prejuicios sobre el sexo.
La sociedad se muestra más abierta e informada pero igualmente nos ha llevado a conocer sobre el sexo mucho menos que lo necesario para integrarlo armoniosamente en nuestras vidas.
La definición de sexo (sexus en latín) quiere decir dividido o separado en dos. Dos son los individuos que se requieren en casi todas las especies vivientes. Una hembra y un macho son imprescindibles para generar una nueva vida.
La sexualidad, entonces, no es necesaria para la conservación del hombre pero sí lo es para la conservación de la especie, ya que los humanos nos reproducimos sexualmente.
El impulso sexual es bien dominable. Su control se encuentra en la corteza cerebral.
A lo largo de la historia se demostró que se podría vivir sin practicar ninguna actividad sexual, e incluso esta abstinencia es vista como una virtud en ciertas religiones.
La sexualidad ha desarrollado nuestra mirada seductora, nuestras tácticas para coquetear, nuestra fisiología cerebral, necesaria para el enamoramiento.
Los seres humanos tenemos una naturaleza en común, un conjunto de tendencias inconscientes que están inscritas en nuestro código genético y nosotros no somos conscientes de esas predisposiciones, pero ellas siguen motivando nuestras acciones.
Nuestro material genético no ha variado significativamente y se transmite de generación en generación a través de los tiempos. En ese código genético esta programado nuestro cuerpo con todos sus órganos y por supuesto nuestro cerebro.
Por esto los sentimientos y acciones relacionados con el sexo son productos evolutivos elaborados durante siglos, que se manifiestan en nosotros como atracción, deseo, celos y competencia.
Esta es la razón por la cual, los humanos nos comportamos de manera semejante en las cosas
relacionadas con el sexo, a pesar de las grandes diferencias culturales que existen.
La cascada de la sexualidad es:
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la mirada
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la conversación
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el contacto
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el click (armonía).
Hombres y mujeres miran fijamente a una posible pareja no más de dos o tres segundos. Pero esa mirada no pasa inadvertida pues activa nuestra parte cerebral más primitiva, provocando interés o rechazo.
Los ojos son los órganos donde se inicia o se pierde ese romance pues es la mirada la que provoca ese estimulo.
Pero
que sucede en la OBESIDAD, el cuerpo de las personas obesas, puede no
ser atractivo para la vista
en una gran parte de la población occidental, por lo que el estímulo que genera
no será de aprobación, por lo que es muy posible que la cascada de la sexualidad se
vea terminada en ese momento. Esto no es una generalidad, pues en gustos
se rompen géneros, definitivamente existen personas de ambos sexos que
buscan una pareja con rasgos más bien gruesos.
Lo mismo puede suceder en el extremo opuesto, es decir con las
personas demasiado delgadas, tan delgadas que parece que se van a
romper.